viernes, 27 de octubre de 2017

Especial: Sociología de la educación


Esta nueva entrada está circunscrita a algunas producciones claves en el campo de la sociología de la educación. Mencionaremos obras fundamentales sobre el tema y recomendaremos algunas otras. Esperamos ayude a sus investigaciones sobre esta crucial temática.



La primera obra detalla las corrientes contemporáneas de la sociología de la educación:


Un nuevo aporte lo encontramos en la revista electrónica Praxis sociológica, allí existe un número dedicado a la educación:



Link a la página:

 http://www.praxissociologica.es/

Nombres de algunos artículos en el número de la revista mencionado:


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El tercer aporte llega de parte de un filósofo y sociólogo francés, esta vez desde la perspectiva del pensamiento complejo:



(1921)

Los siete saberes necesarios para la educación del futuro plantea cómo deben conducirse los sistemas educativos en el porvenir de las sociedades. El autor visiona el futuro con una democracia justa, con equidad y justicia social; es desde aquí que se refiere al ámbito de la educación, pues juega un papel preponderante a la hora de considerar cómo llevar a cabo tales propuestas.

El texto tiene, entre sus objetivos principales, exponer los problemas de la educación en la actualidad mundial; entre esos problemas podemos notar la tradicional fragmentación de los saberes que muchas veces se consideran barreras entre disciplinas. Esto es interesante en la medida que encontramos que distintos intelectuales buscan proponer concepciones que integren los conocimientos, como es el caso de Gabriel Restrepo y su teoría dramática de la sociedad.

Compartimos el texto de Gabriel Restrepo (2010) para referencias en lo expresado:


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Para conocer más sobre el pensamiento complejo en la obra de Edgar Morin, podemos ver el siguiente artículo:



El problema de la educación es posible ser abordarlo desde distintas perspectivas científicas, artísticas y filosóficas, tal como lo propone Restrepo, por ello debemos abogar por la construcción de puentes entre los distintos saberes. El siguiente aporte se sitúa en una perspectiva filosófica muy interesante:

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Una de las obra consideradas más importantes respecto al tema de la sociología de la educación: La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza, escrita por Pierre Bourdieu en colaboración con Passeron:

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A nivel nacional tenemos dos importantes aportes, uno de Eduardo Vélez (Director adjunto del Instituto SER de investigación. Universidad de Illinois) y otro de Gonzalo Cataño (Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Director del área de posgrado de la Universidad Pedagógica Nacional):

Los estudios sobre educación y sociedad en Colombia. (Vélez)


La sociología de la educación en Colombia. (Cataño)

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Es sabido que han existido tanto factores internos como externos a la hora de referirnos a las influencias que han proporcionado un crecimiento en la investigación en educación en Colombia. Dentro de los factores internos podemos ubicar las problemáticas de las diferencias de clase, el desarrollo industrial, la urbanización y el crecimiento de la población; ello lo podemos entender mediante la estrecha relación educación-sociedad. Estos factores impulsaron a conformar una complejidad investigativa del sistema educativo y un interés pedagógico por los fenómenos sociales asociados a la educación. Dentro de los factores externos tenemos la afluencia de recursos para el sector educativo provenientes de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la UNESCO, el PNUD y la AID, quienes impulsaron la creación de centros privados de investigación para la educación. A esto debe sumarse la fundación de las primeras escuelas de Sociología a finales de la década del cincuenta y comienzos de los años sesenta.

Obras recomendadas:

  • Emilio o de la educación.  (Jean- Jacques Rousseau)
  • Sociología de la educación. (Fernando de Azevedo
  • Educación y sociología. (Emile Durkheim: considerado el padre de la sociología de la educación).
  • La pedagogía del oprimido. (Paulo Freire).

"La sociología de la educación tiene, pues, por objeto, a nuestro modo de ver, el estudio tanto de los procesos, instituciones y sistemas escolares –y de la interdependencia que existe entre la estructura y la organización social, de una parte, y de los procesos educativos, de otra- como de las teorías y las doctrinas pedagógicas. Lo que se pretende separar en dos campos distintos lo unimos, sin dejar de distinguir entre teorías y hechos, en un campo único de observación.”

De Azevedo, Fernando. (2013). Sociología de la educación. Pág. 14.

lunes, 23 de octubre de 2017

Reseña de la obra La esencia de la filosofía, escrita por Wilhelm Dilthey


Lo primero que debemos resaltar de esta obra, escrita en 1907, es que la idea misma de la esencia de la filosofía es un contenido general unitario que permite dar cuenta de la definición de la misma a través de su historia. Sin embargo, al abordar esta cuestión surgen una serie de problemas, y es que la filosofía contiene en sí múltiples definiciones respecto a cada una de las situaciones históricas concretas, lo que da a pensar que no existe una sola filosofía sino concepciones de la misma; así pues, la historia de la filosofía carecería de esa unidad buscada y por lo tanto no habría una definición conceptual unitaria; son estos problemas a los que se enfrenta Dilthey. El propósito del autor corresponde, en su primera parte, al realce de ciertas definiciones de la filosofía y, sobre todo, al señalamiento de los hechos históricos como productores de la génesis misma de dichos esclarecimientos.

(Wilhelm Dilthey: 1833-1911)

De esta manera el autor llega a la concreción de la existencia de una conexión entre la historia y la vida de los filósofos, es decir, muestra la correlación de vivencias y experiencias propias a la par de la creación de conceptos; es aquí donde entra en juego el papel de la comprensión como método de análisis de la realidad histórica para entender la realidad compleja empírica, siendo que ésta conlleva al verdadero conocimiento de las ciencias del espíritu. Dilthey escribe que debe indagarse sobre la esencia de los objetos de la realidad para luego contrastarlos con la representación objetiva que se han hecho de ellos, en este sentido se debe prestar especial atención a la afinidad de los hechos particulares y sus vinculaciones con la producción de las ideas mismas en la filosofía, idea que tiene como función el realizar conexiones entre el individuo y sociedad.

Dilthey llega entonces a la conexión histórica con el conocimiento filosófico. Así pues, inicia un recorrido histórico que parte de Grecia, tomando autores como Heródoto, Heráclito, Sócrates y Platón, los cuales cuentan, para el autor, entre los primeros en tomar conciencia de lo que se conocerá como la idea del filosofar, encontrando en ellos la necesidad de reflexionar sobre todo lo que observaban, sobre los oficios, la actividad política, etc., por lo cual en este contexto la filosofía se convierte en la elevación de toda actividad humana a la conciencia reflexiva. 

Esta idea tiene gran influencia sobre Aristóteles, quien buscará el conocimiento por medio del saber mismo, así, la filosofía podría abarcar todas las demás ciencias y disciplinas, convirtiéndose en un saber general. Dilthey revisa las formas que ha adoptado la filosofía a lo largo de su extensa historia, a la vez que delimita y concretiza definiciones y elementos de la metafísica como fundamentos de las explicaciones del mundo. De allí damos grandes saltos hasta llegar a su reseña sobre las críticas al conocimiento realizas por los empiristas ingleses, que desembocan en los planteamientos de Immanuel Kant; a partir de aquí la filosofía se convierte en una reflexión que surge del sujeto, dejando de lado aquellas reflexiones sobre la naturaleza que habíamos encontrado en la filosofía griega clásica. 

La cuestión aparece de igual forma en lo referido a los límites del conocimiento humano; así, la filosofía se expresa por aquella época en sistemas cerrados, lo cual conlleva a una manera de exposición dentro de la cual deben integrarse todos estos conocimientos, como por ejemplo en la Enciclopedia o filosofía enciclopédica con autores como D’Alambert y Condorcet. El positivismo de las ciencias y la sistematización del conocimiento conducirán a una objetividad en la inmanencia del mundo que constituirá una manera de antimetafísica; el espíritu positivo constituye un nuevo paradigma en la historia del pensamiento. Dilthey llega a la conclusión de que el indagar la esencia de la filosofía conlleva necesariamente a una sistematización de la historia, a los entramados de una conciencia individual y de una conciencia histórica singular. Se sigue de ello que la filosofía mantiene una constante relación con las otras ramas del saber y del arte como la poesía y la literatura, además de ser siempre análoga en su desarrollo con la religión. Lo importante es ver cómo el autor construye un método que pueda acercarnos a los valores y reglas de la vida de los sujetos, lo cual se constituye en la historia misma de la filosofía.


La segunda parte de la obra de Dilthey es un análisis referido a lo vivido como función en la vida anímica de cada persona, en las estructuras psíquicas individuales que median la experiencia de vida y el mundo exterior; las vivencias llenan nuestra existencia, y en este sentido -escribe el autor- somos movidos por impulsos y sentimientos. Si cada hombre está estructurado de la misma forma, la sociedad estará estructurada en regularidades de la vida social que podemos encontrar en la historia, esto es, la finalidad del ámbito subjetivo de los individuos se expresa en la historia. La relación que mantiene la filosofía con la poesía y la religión tiene que ver con que a ellas interesa el enigma del mundo, producen interpretaciones de la totalidad de la vida que rodea a los individuos, entran en relación cuando se construye una visión universal del mundo (de la vida como continuo de experiencias) brindando una explicación de los eventos exteriores que se nos presentan para conformar una comprensión de la vida a través de una intuición enlazada con la poesía y la religión, allí es precisamente donde ese desenvuelve la esencia de la filosofía misma. Aquí el autor se detiene en la explicación acerca de las relaciones que se pueden establecer entre la función de la filosofía respecto a la religión y luego respecto a la poesía, para concluir con el tema de la universalización de una concepción filosófica del mundo. 

La estructura de la concepción del mundo desde la filosofía, a diferencia de la religiosa -escribe Dilthey-, es objetiva y universalmente válida, ésta busca “reformar” la vida misma. Así pues, hay distintos tipos de concepción del mundo desde la filosofía, ello basado en lo que ya habíamos reseñado, en la evolución misma de las reflexiones filosóficas; así, en cada una de ellas encontramos unidad y análisis objetivamente válidos para construir visiones sobre la vida, consolidando lo que conocemos como metafísica. La filosofía mantiene, pues, una relación indisoluble con la realidad práctica en la que se encuentra, con los saberes y con la ciencia en cuanto sistematizadora del saber. Para Dilthey, estas concepciones de la filosofía se hallan reunidas en lo que es la unidad propia del saber y de la reflexión filosófica.

jueves, 19 de octubre de 2017

Boudon: La sociología que realmente importa


El título de esta entrada rinde homenaje al artículo escrito por Raymond Boudon: Sociology that really matters, escrito en el 2004. Este texto es importante por cuanto ayuda a definir ciertos tipos de análisis de la sociología que desarrollemos; además, como bien se expresa en el sumario, el autor profundiza temas cruciales para la buena composición de un análisis sociológico.

Raymond Boudon, (1934-2013)

"La sociología [es] como una gran casa con muchas estancias"


Parte del resumen plantea lo siguiente:

"La diversidad de la sociología puede ser capturada con la ayuda de cuatro tipos ideales. El primero es la sociología informativa o <<de consultoría>>: aquella que produce datos y análisis orientados hacia la toma de decisiones. El segundo es la sociología crítica, que identifica los defectos de la sociedad y propone remedios para los mismo. El tercero es la sociología que intenta despertar emociones describiendo los fenómenos sociales de una manera vívida. Un cuarto tipo, el cognitivo, tiene por objetivo la explicación de fenómenos sociales enigmáticos. Las cuatro orientaciones se encuentran tanto en la sociología contemporánea como en la clásica, pero no son igualmente valiosas."

Boudon escribe: "[...] estas distinciones nos ayudan a comprender cómo son valoradas las producciones de la ciencia social."








Recomendación:


Diccionario de sociología
Hugo de los Campos


lunes, 16 de octubre de 2017

Emmanuel Lévinas: ¿Quién es el Otro?


En las relaciones que se establecen para la obtención del conocimiento suele pensarse muchas veces sólo en la coexistencia entre sujeto-objeto, dejando de lado una gran parte de las experiencias que le supone al sujeto el contacto con otras esferas distinta al objeto como lo es el sujeto mismo, quien es sujeto que conoce y sujeto que es conocido. El pensamiento occidental suele hacer del Otro una objetivación en la obtención del conocimiento. Lo que nos ocupa de momento es plantear el problema del Otro a la luz del pensamiento de Emmanuel Lévinas.
Emmanuel Lévinas, (1906-1995), Kaunas, Lituania. 

La obra filosófica de Lévinas está dividida en tres partes (Diez, 1992), en cada una de las cuales no pierde ocasión para yuxtaponer su pensamiento a la filosofía occidental. La primera parte son los estudios que realiza de Heidegger y Husserl, en especial a la fenomenología propuesta por estos dos filósofos, de los cuales toma grandes aportes y que luego abandona por considerarlos insuficientes para alcanzar lo que se proponían en los estudios fenomenológicos. La segunda parte es su producción filosófica como tal, es allí donde habla del Otro, del rostro y de la metafísica en oposición a la ontología. En la tercera y última parte se encuentran los ensayos al pensamiento religioso del judaísmo y sus comentarios a las escrituras bíblicas y talmúdicas. Nos ocuparemos de responder a la pregunta ¿Quién es el Otro? Por medio de los planteamientos que corresponden al segundo periodo de la división de la obra filosófica de Lévinas.
La primera consideración para adentrarnos en el pensamiento de Lévinas, es su rechazo a la filosofía occidental por considerarla totalizante, afirmando que la pretensión de ésta es crear conceptos de validez universal con los que se puedan explicar, no sólo los fenómenos del mundo, sino al sujeto. La revisión occidental del mundo suprime todas las diferencias para reducir el conocimiento a unas leyes generales:
La relación con el ser, que funciona como ontología, consiste en neutralizar el ente para comprenderlo o para apresarlo. No es pues una relación con lo Otro como tal, sino la reducción de lo Otro al Mismo (Lévinas, 1977, citado en Diez, 1992, p.30).
Dicho esto, el sujeto que plantea el pensamiento occidental no reconoce una otredad, se rige ontológicamente por el Mismo, por unos parámetros a priori con los que medimos al otro a partir de nuestra experiencia. De ahí que la relación de este sujeto con el Otro busque la conciliación de su identidad con la del Otro para dar lugar a otro idéntico al Yo. Pero Para Lévinas, el Otro no sólo es distinto a mi Yo, sino que no es conocido. En este sentido, la relación con el Otro configura lo que Lévinas llama no-experiencia. Esta no-experiencia es la imposibilidad que tiene el Yo de apropiarse del Otro, de entablar un diálogo íntimo.
Otro con una alteridad que constituye el contenido mismo de lo otro. Otro de una alteridad que no limita al Mismo, porque al imitar al Mismo, lo Otro no sería rigurosamente Otro: por la comunidad de la frontera, sería, en el interior del sistema, todavía el Mismo (Lévinas, 1971, citado en Diez, 1992, p.19).
Lo que Lévinas busca a partir de la formulación del Otro es una separación de ese en-sí con mi-en-sí. Mediante esta separación se comprende que lo absolutamente Otro es el Otro, que el Otro es aquel con el que no tengo nada en común (Diez, 1992, p.19); y al cual no se podrá llegar a conocer. La relación con el Otro es reconocer su despojo, lo que él llama deshinchamiento del ser, y consiste en desligar al ser de todo lo que haya aprendido antes, a su vez, dejar al descubierto su desnudez.
La experiencia, la idea de infinito, se sitúa en la relación con el otro. La idea de infinito es la relación social. Esta relación consiste en interpelar a un ser absolutamente exterior. El infinito de ese ser que no podemos por ello mismo contener garantiza y constituye esta exterioridad (Diez, 1992, p.33)
Su oposición a la teología occidental radica en que ésta le impregna al ser ciertos modos de aproximarse a Dios y al Otro. Para Lévinas, aproximarse a Dios es escuchar el llamado que hace a partir del Otro, y obedecer su mandato; esto sólo es posible por medio de la ética, la cual él plantea como filosofía primera. La ética sólo puede ser una tarea de la filosofía, ya no occidental y tradicional, tampoco por medio de la teología que se fundamenta en el Mismo. En Lévinas, el Otro es un acontecer que se manifiesta sin forma absoluta y definitiva. Reconocer al Otro en ese acontecer me aproxima al rostro de Dios, el cual es infinito. La aproximación a Dios ocurre por medio de la huella que este deja en el Otro, no se afirma con esto que Dios esté en el Otro, sino que es un intermedio entre el Otro y el Yo.  La relación de diálogo en la que el otro me llama y yo le respondo tiene lugar siempre y cuando ambos, tanto el Otro como el yo, se desnudan de su en-sí, pasan a ser un no-sí, para no hacer parte un Mismo y ser una otredad.

Referencias bibliográficas
Diez Cuesta, Margarita. (1992). Introducción al pensamiento de Emmanuel Lévinas, 1° Edic. Madrid: Instituto Emmanuel Mounier.

jueves, 12 de octubre de 2017

Sociología: Oficio y vocabulario


Toda temática que participe de la idea de ciencia debe construir argumentos a partir de presupuestos teóricos concisos. Los libros que se presentarán a continuación son muestra de ello, y aunque se les cataloga de introducción a la sociología, se sabe que, al menos por la trayectoria de los autores, son libros que van más allá de ser una introducción, pues cuestionan los conocimientos establecidos sobre aquello que se conoce como ciencia social.

Cabe mencionar en primer lugar la obra escrita en colaboración por tres autores franceses, a saber: Pierre Bourdieu, Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron: El oficio del sociólogo. De Jean-Claude Chamboredon, se conoce que ha escrito libros en colaboración con otros autores, es el caso del libro Raymond Aron y la filosofía de la historia y las ciencias sociales, que escribió junto a Alain Boyer, Georges Canguilhem, Francois Furet y Jean Gatty.

Pierre-Félix Bourdieu, (1930 - 2002).

Jean-Claude Passeron, (1930).


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El oficio del sociólogo: Presupuestos epistemológicos

(1968)


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Palabras Clave - Un vocabulario de la cultura y la sociedad

Williams Raymond



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Cuestiones fundamentales de sociología

George Simmel

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La sociedad. Lecciones de sociología.
Adorno & Horkheimer

lunes, 9 de octubre de 2017

La hermenéutica como herramienta de reconstrucción histórica del espíritu de la época


Si hay un punto de encuentro en las consideraciones referidas a la concepción metodológica de la hermenéutica, éste ha de ser la idea de la reconstrucción y deconstrucción de vivencias y singularidades de los sujetos en el curso de la historia. Nos detendremos en el primer aspecto, a saber, la vuelta a la construcción de un contexto específico. Vale decir que para nuestro objetivo la reconstrucción no se enmarcará en la comprensión de una obra escrita por un autor específico, sino en la comprensión de la vida misma, tal como ha sostenido Wilhelm Dilthey en sus escritos fundacionales del proyecto de la hermenéutica (sin olvidar la importancia que tuvo Friedrich Schleiermacher), considerada actualmente un método especializado de las ciencias sociales.

Dilthey hace una crítica al modo de cómo se concebía el conocimiento histórico precedente, lo que incluye denominaciones encarnadas en la historiografía, en la filosofía de la historia, en las ciencias de la moral e incluso en la sociología como saber “general” de la sociedad. Dilthey sostenía que los productos de estas denominaciones son estrechos para captar la magnitud de los acontecimientos históricos y su relación con el presente y la filosofía. Se debía entonces conformar, pues, una conciencia de sí mismo que pudiera ayudar a superar tales limitaciones del conocimiento histórico, constituyendo así la conciencia histórica. Los análisis históricos precedentes a la concepción de Dilthey se fundamentaban en una cosmovisión que concebía la historia como un continuo de etapas, por el contrario, ésta formulación de Dilthey permitía entrever elementos no descubiertos, en tanto la plasticidad y fluidez del estudio de la historia.


Friedrich Schleiermacher (1768-1834)

Retengamos por ahora la importancia de la noción de conciencia histórica. Es cierto que, en variados casos, a la hermenéutica se le ha atribuido el apellido de reconstructiva; sin embargo, consideramos que toda hermenéutica es en su esencia una re-construcción de un contexto particular, sea éste el de una obra o el de una vida como unidad expresada en su biografía. Ahora bien, el espíritu de la época es aquello que nos permite dar cuenta del entorno al cual giraban las reflexiones filosóficas de un contexto histórico. ¿Cuál es la importancia de englobar bajo tal categoría las experiencias y la producción intelectual de distintos autores en un período específico de la historia? La respuesta tiene que ver con su utilización como una herramienta para el método de exposición y organización de corrientes intelectuales que engloban no sólo sus escritos sino también el arte, la política, la economía, el ámbito de la estética, entre muchos otros.

El espíritu de la época permite escaparnos de encuadres, pues concibe una gama de elementos constitutivos de la realidad-histórica, desde las que podemos acceder desde múltiples perspectivas; funge como una herramienta para el manejo de los datos históricos y de sus conexiones con el posterior desarrollo de la filosofía y las ciencias. Vale la pena hacer la salvedad que nos referimos a la realidad-histórica en cuanto consecuencia y antecedente de cúmulos de conocimientos que permiten entender las dinámicas de acción de los sujetos en un determinado período de la historia. 


Así, por ejemplo, las obras de Dilthey quedan delimitadas en la inmediatez de su producción -sólo metodológicamente- incluso aún con la importancia y trascendencia que han tenido para el campo de las ciencias sociales. La conexión que puede trazar la hermenéutica desde múltiples ángulos permite desenmarañar la aparente contradicción de postulados de la época, y en la medida que va descifrando los hilos conductores se muestra la verdadera composición de las relaciones entre sujetos y cosas, individuos y ámbitos más amplios. No se trata de fundamentar la hermenéutica como descifradora de los más inextricables laberintos de sujetos interactuando en la historia, sino en considerarla la herramienta más apta para dar profundidad a los análisis filosóficos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Aportes de Dilthey a las ciencias del espíritu: de la crítica de la razón pura a la crítica de la razón histórica


Uno de los aspectos en los que se ha hecho especial énfasis en el pensamiento de Dilthey es, sin lugar a dudas, la iniciativa de fundamentar una conciencia histórica basada en la aplicabilidad de la hermenéutica en asuntos como la experiencia y su objetivación, así, se engloban los aspectos de los que se desprende tal idea hasta tener una noción general de todo el aporte de Dilthey a las ciencias del espíritu. En primer lugar, se habla de la historia como un tipo de empatía, donde re-vivir la lectura de un hecho histórico debe hacerse desde los ojos del autor del texto con el fin no sólo de interpretarlo, sino de concebir las implicaciones contextuales que se hallan inmersas en la escritura y lectura (interpretación) del texto, de esta manera, se alcanzaría en cierta medida la conciencia histórica que está de trasfondo. Este principio es importante para Dilthey en cuanto a la concepción del individuo como un ser vital que al experimentarse se halla condicionado por su entorno, de tal modo que crea a partir de ello una imagen de las cosas mediada por patrones sociales; entender ésto es entender al hombre en su contexto como un hijo de su época. (Dilthey, 1907).
El método de las ciencias del espíritu implica la interacción constante de la vivencia y del concepto. Los conceptos de las ciencias del espíritu encuentran “cumplimiento” en la re-vivencia de las conexiones estructurales individuales y colectivas, así como, por otra parte, la re-vivencia directa se eleva a conocimiento científico por medio de las formas generales del pensamiento (Dilthey, 1907, p. 149).
Es de vital importancia el saber identificar, clasificar y/o categorizar, para el entendimiento de la esencia de la filosofía, aquello que es propio de ser considerado parte de ésta, o que al menos se caracteriza como parte de la misma. Para lo cual, un análisis de las fijaciones de las ciencias hace más que esclarecer; es una discusión en la que muchos filósofos dedicados a diversas áreas se han involucrado. Con el texto La esencia de la filosofía e Introducción a las ciencias del espíritu, Dilthey deja en evidencia que ya no sólo en el ámbito de la filosofía pura, como madre de todas las ciencias, se presentan estos cuestionamientos sobre las delimitaciones conceptuales, metódicas, de sí misma, y de todo lo que pertenece a sí, es decir, lo filosófico –creando así una filosofía de la filosofía– sino también que esta inquietud se traslada a otros ámbitos como el arte, la religión, la política. Lo que consiguen estas ciencias es delimitar conceptos, al punto de dividir la respuesta a la pregunta sobre qué es esa determinada ciencia, tal divisón se expresa: primero, lo característico de esa ciencia, y segundo, las reflexiones sobre el ejercicio de esa ciencia.


A la pregunta por la esencia de la filosofía, se tienen en consideración aspectos históricos, biográficos, conceptuales y metódicos. Los filósofos han logrado teorizar cosas que varían, cambian y evolucionan en dependencia al contexto. Así mismo, se puede hablar de la esencia de la filosofía en torno a detalles que se remonten no sólo al lugar y fecha exacta de la creación de un concepto, sino también a la estipulación de un nombre para referirse a una ciencia, como ocurrió con el debate sobre la creación del término filosofía, y el momento exacto en que se lleva a cabo la práctica de esa ciencia. Muchos filósofos están de acuerdo en que la filosofía es un análisis conceptual que se caracteriza por ser descriptiva y analítica, sin embargo, Dilthey pretende, por medio de la hermenéutica, responder a la pregunta sobre qué de científico y objetivo puede haber en la historia, en la historia de la filosofía y la historia Universal. Para ello le fue requerido ir más allá de la explicación idealista/metafísica y la sensible, para comprender y demostrar una relación entre hechos gnoseológicos con objetos físicos.
El método para cada filósofo es la vértebra que sostiene su camino para darle respuesta a cada una de las preguntas que surgen en sus sistemas filosóficos, por tanto, desde la antigüedad hasta la actualidad se han creado métodos y formas con los cuales se tienen presentes rasgos distintivos del pensamiento, y no por tanto de razón, sino también de la experiencia empírica. Cada método y sistema intenta (de algún modo) responder cuestionamientos que son propios, aunque si bien son de la época, por un lado, también son del espíritu humano, por otro; esto causa que existan rasgos comunes entre sistemas, afirma Dilthey. A partir de ahí se da la creación de términos y significados asignados a estos términos que nacen como respuesta. Entre los términos que se visualizan en la actualidad, encontramos uno distintivo del historicismo, este es, el nombre propio de la filosofía, del que Dilthey realiza una conexión entre tres rasgos principales que encuentran desembocadura en Grecia: religiosidad, arte y filosofía. De acuerdo al sentido que se le otorgó al término en la antigua Grecia, filosofía es amor a la sabiduría y la búsqueda de ella, es decir, buscar la verdad por la verdad misma. Según el concepto socrático-platónico, filosofía significa la orientación hacia el saber, saber en su forma más rigurosa: como ciencia. En relación con cada método y definición de filosofía, se encuentran inscritas las escuelas que se han abierto camino desde la antigüedad, esto como una forma de enseñanza y conservación, así como de creación del pensamiento filosófico. Cada escuela enseñaba una forma distinta de acercarse a la sabiduría.


Así como Dilthey pensaba en encontrar la forma de expresar en términos científicos la historia, había quienes consideraban que, en primer lugar, “esta idea del conocer histórico depende de la interpretación que demos al re-interpretar en nuestra mente las experiencias de otros.” Y que por tanto “no es posible re-interpretar en todos sus aspectos la experiencia de otra persona, ni incluso la nuestra propia (Korner, p. 204).” También se mostraron incrédulos ante la posibilidad de crear una explicación científica de la historia, pues ésta no tiene repetición, contrario a las leyes de la física, por ejemplo, que presuponen repetición de los acontecimientos.
Otro de los aspectos importantes del método histórico de Dilthey es su aporte a la definición de la esencia de la filosofía, ello a partir de conocer la línea consecutiva de transformación que ha tenido el concepto de ésta a lo largo de la historia, en especial en Grecia, como cuna de las definiciones de la filosofía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta apreciación histórica deja en evidencia el relieve negativo de tales aspectos, puesto que están basados en hechos históricos, visualizando solamente los momentos más determinados de las transformaciones de la esencia de la filosofía, sin embargo, se trata de determinar no lo que vale ahora o aquí como filosofía, sino aquello que siempre y en todas partes ha constituido su contenido (Dilthey, 1907, p. 169).
Ya no es analizar la filosofía desde su significado histórico y variante, mezclada con su método y sistema que se conserva en las escuelas, sino ahora verla desde el contenido uniforme de la sociedad, cuyo contenido permite ver la conexión interna que existe en los filósofos, así mismo como toda la historia de la filosofía que permite comprenderla en un contexto determinado. Lo anterior, según Dilthey, permite concebir en un nuevo orden las funciones de la filosofía que se encuentran demarcadas por la vida anímica de la sociedad, la historia y la cultura. Muchos de los lugares en los cuales se analiza la filosofía son ahora hijas de su vientre, ejemplo de esto es la psicología, que, al centrarse en el estudio del comportamiento psíquico, se separa como ciencia de la filosofía.
Con la hermenéutica, Dilthey manifiesta la estrecha relación que existe entre las concepciones del mundo, la filosofía y la historia, a saber, mirar a un individuo como un ser vital condicionado es al mismo tiempo adentrarse a estudiarlo como ser histórico en su infinitud, es leerlo en todos sus lenguajes, manifestados en una cultura que se puede pensar en parámetros religiosos, artísticos y filosóficos. De estos parámetros, dice Dilthey, se constituyen como unos enigmas del mundo y de la vida. Es así como se ha podido conocer en la actualidad, que el hombre, incluso antes de ejercer sobre ello actividad filosófica, ha producido actividades políticas para organizarse, ordenar las funciones del Estado y clasificarse en constituciones.
En este texto Dilthey expone varios conceptos que enlaza para explicar cómo la filosofía puede relacionarse o surgir a través de la vida anímica; dichos conceptos comienzan por la estructura anímica como reflexión del exterior en la cual un individuo está inmerso, tal cuestión ha sido analizada a profundidad por la psicología descriptiva. De aquí que esto explica que la estructura psíquica puede ser entendida en términos de relación de la vida anímica con la vida psíquica de un individuo, cuyo centro según Dilthey, se haya compuesto por el impulso y el sentimiento. Si miramos lo anterior como una secuencia de línea recta, podemos ver que lo que continúa es lo que Dilthey denomina experiencia de la vida, significando con esta aquel cocimiento que se manifiesta como captación objetiva del exterior y de nuestro interior mismo. La relación de éstas con la filosofía surge cuando la vida anímica, como sus componentes, es fundamental para el ejercicio filosófico de un individuo. Es decir, vida y saber se encuentran en una relación que da lugar no sólo a la potencialización de nuestro intelecto, sino también de nuestro interior psíquico y espiritual.

(Wilhelm Dilthey: 1833-1911)
Los factores importantes que introduce Dilthey en la consideración de las ciencias del espíritu, y por medio de los cuales comienza a estructurar lo que sería de manera completa la conciencia historia, son: 1) la cultura, entendida como un tejido de nexos finales donde se encuentran lenguaje, derecho, mito, religiosidad, poesía y filosofía, cada una condicionando la estructura de la cultura y determinando su desarrollo, y 2) atención prestada a las nacionalidades. Esto le permite ver la contradicción que emanaba la conciencia histórica, pues, al ser una manifestación que puede ser de carácter religioso o filosófico, además de expresar la vida misma, expresa un mundo en sí mismo cuya experiencia es cerrada, concluyendo así en una relatividad (Dilthey, 1956), en la concepción humana de las cosas, pero, es en este momento donde Dilthey reconoce la necesidad de un conocimiento de la historia con validez universal, que pueda entender que el mundo está históricamente condicionado.
La crítica de la razón histórica, explica Gadamer, es en Dilthey una ambición  por atribuir a la conciencia histórica el mismo rigor epistemológico del que podía estar dotada la crítica de la razón pura de Kant, es decir, convertir en una explicación científica la experiencia histórica. Recordemos que con experiencia histórica no sólo se condensada la influencia del factor cultural y social, sino también el relativismo subjetivo que conllevan las múltiples experiencias del mundo. ¿Cómo reunir en una explicación universal todas experiencias históricas para dotarlas de rigor científico, leyes y teorías? A Dilthey le tocaría reducir el campo de validez universal al individuo, pues si bien este es un ser en sociedad, es también una entidad individual. Por lo tanto, la validez lo involucra a él como ser histórico que se preocupa por investigar la historia que él mismo construye (Gadamer, 1993, p. 142).
Es evidente que, a estas alturas, la conciencia histórica se le presenta a Dilthey no como un compuesto de nexos sino como un intelecto-infinito que da forma al auto-conocimiento. Es decir, saber y vida encuentran su punto de intercepción en la reflexión vital de la vivencia personal de un individuo, donde éste es consciente que hace parte de un contexto que lo condiciona. Para profundizar en el problema de la conciencia histórica y concluir, es menester resumir el concepto de ésta, de lo cual podemos hacer uso de los aspectos centrales que señala Gadamer de este tema. En primer lugar, cito la definición de Gadamer de conciencia histórica: “Entendemos por conciencia histórica el privilegio del hombre moderno de tener plenamente conciencia de la historicidad de todo presente y de la relatividad de todas las opiniones (Gadamer, 2007, p.41). Gadamer tiene en cuenta los cambios de una época en la que surgen invasiones en el pensamiento de un individuo, creando así lo que se conoce como <<cosmovisiones>>. Una cosmovisión es entendida como una perspectiva personal y relativa del mundo, por lo tanto, particular. Así que, para Gadamer, tener un sentido histórico es disponibilidad y talento para comprender el pasado a partir del contexto propio desde donde nos encontramos: "(…) pensar expresamente en el horizonte histórico que es coextendido con la vida que vivimos y que hemos vivido." 


Gadamer explica la interpretación como el fenómeno en el cual ya conciencia histórica de la modernidad no está en escucha activa sobre el pasado, sino que, intentando no admitir verdades del pasado, se pone frente a frente con la tradición para interpretarlo. (Gadamer) Hablamos de interpretación cuando el significado de un texto no se comprende en un primer momento.
Comprender el pensamiento de Wilhelm Dilthey en las luces de la filosofía actual, permite tener las bases para el desarrollo de análisis filosóficos donde se comienza a tener en cuenta aspectos más amplios del contexto histórico de los sucesos. Dentro del margen de estos sucesos se comprende al individuo que los vive y todas las visiones de re-vivencia que tienen lugar en las expresiones de dichos sucesos y de la comunicación o simpatía con la conciencia histórica. Este aspecto de la investigación tiene un papel predominante en el pensamiento de Dilthey y en toda su obra filosófica, tanto explicada por él, como abordada desde Gadamer. Dilthey enfatiza en el afán de plantear, así como lo hizo Kant con su crítica a la razón pura, una crítica a la razón histórica, que tenga lugar y significado en el individuo como ente vital de un contexto. Para lograr lo anterior, es ncesario detenerse en la introducción auto-biográfica de Dilthey en su libro Introducción a las ciencias del espíritu, titulada “El sueño de Dilthey” y para enfatizar en los problemas planteados por este pensamiento, se abordará el capítulo I y II del libro Verdad y método, tomo I, de Gadamer, para dar lugar a la razón de ser de la Critica a la razón histórica, notaremos cómo se ve inmerso el individuo en la obligación de reconocerse dentro de un contexto como un ser condicionado por el entorno que rige su crecimiento.
Más allá de toda la subjetividad de la aprehensión de la realidad por el individuo, se encuentra toda la creación y expresión que este mismo pueda lograr a partir de su captación, es ahí donde el arte y la poesía tienen un lugar y función importante, dado que se manifiestan como un modo de expresión, comunicación y transmisión, de todo aquello que conlleva la experiencia individual de un sujeto, de su entorno e interés de perpetuación. Dilthey expresa que el arte, en especial la poesía, es una abstracción de la realidad vivida –experiencia que está diseñada para ser revivida de cierto modo. Esto cobra sentido en especial cuando ambos, artista y espectador, se encuentran inmersos en un mismo contexto sociocultural. No hay que dejar de lado que las manifestaciones artísticas como lenguaje suelen romper los muros culturales e ideológicos. La concepción religiosa del mundo, a pesar de entenderse como una concepción subjetiva, se encuentra ocupada por un espíritu religiosamente anímico que se halla a su vez como integrante de una relación uniforme y social que se identifica como individuos socialmente conectados. La religión ocupa una parte importante en las concepciones del mundo pues funda experiencias de orden religioso que modifican su paradigma frente a las cosas de su entorno, de tal modo que la experiencia religiosa ya forma parte de la experiencia de la vida como tal, ya que encamina de algún modo a la filosofía. El poeta, al encontrarse en constante cercanía con las palabras, los conceptos y las cosas requeridas para significar y expresar su experiencia de la vida, logra crear una imagen propia del mundo. Dicha imagen, al estar basada y condicionada por su experiencia, se consolida como una visión unilateral que encuentra su razón lógica sólo en él. La poesía se concibe como una experiencia vital vivida que se transmite a sí misma para ser captada y reinventada. El arte y la poesía son una visión del mundo inspiradora que sumerge y condiciona.
Para concluir, cabe mencionar que una cualidad primordial de la filosofía frente a las demás concepciones, y es que la filosofía como visión del mundo se encuentra encaminada a la validación universal de sí como concepción. Además, al ser la madre de otras ciencias, tiene la particularidad de poderlas explicar de algún modo, llegando a lograr que las otras ciencias se encuentren en un afán más complejo por delimitarse. Incluso, como afirma Dilthey, cada ciencia tiene un campo determinado de acción, y que la profundidad en su investigación la devuelve a la filosofía. Así mismo, pensar los signos del arte, de la poesía, tanto como los hechos de la historia y los significados del lenguaje, es establecer una relación directa entre ellas y la filosofía.

Referencias bibliográficas

Dilthey, Wilhelm. (1960). La esencia de la filosofía. Buenos Aires: Ed. Lozada.
_____________. (1956). Introducción a las ciencias del espíritu, Editorial Alianza Universidad.
Gadamer, Hans-Geord. (2007). El problema de la conciencia histórica, Editorial Tecnos.
__________________. (1993). Verdad y método, tomo I, Salamanca: Ediciones Sígueme.
Hirschberger, Johannes. (2004). Breve historia de la filosofía; Kant y el idealismo alemán, pág. 208. Editorial Herder.
Korner, Stephan. (1980). ¿Qué es la filosofía?, Barcelona: Editorial Ariel.