lunes, 19 de febrero de 2018

Tiempo de cine: Rosemary's Baby.


Hemos creado esta nueva serie de publicaciones con el fin de comentar y debatir cuestiones referidas al cine. No buscamos exponer críticas o planteamientos dignos de un especialista del área, más bien deseamos brindar una postura frente a determinadas producciones clásicas y contemporáneas de la cinematografía. De esta forma, plantearemos opiniones sobre variados filmes, y, sin embargo, vale agregar, que casi siempre dirigiremos nuestra mirada hacia el género del terror con agregados de ciencia ficción, pues, sea por afinidad o curiosidad, tal género es, para nosotros, fascinante, siendo íntegros con todas sus genialidades y puestas en escena.

En esta primera ocasión, tenemos el gusto de abrir la sección con una película del año 1968, dirigida por Roman Polanski y presentada en cines sólo un año después de la publicación del libro de Ira Levin: Rosemary's Baby, del que es una adaptación. Así, este filme está basado en aquella novela de Levin, llevando su mismo título y exponiendo de forma fiel su argumento. 

El título del filme es conocido en español como El bebé de Rosemary o La semilla del diablo.

Protagonizada por Mia Farrow y John Cassavetes, la cinta tuvo gran éxito en taquilla. Según la base de datos IMDB, el presupuesto para su realización fue de $ 2.300.000, obteniendo, hasta el 31 de diciembre de 1969 y en Estados Unidos, una recaudación de $ 33.395.426. Uno creería que los productores no quisieron dejar su éxito sin sacarle más provecho, pero, no fue sino hasta 1976 que se estrenaría una secuela en formato de miniserie, la cual llevó por título Look what's happened to Rosemary's Baby. No es de extrañar que sea poca conocida, siendo el clásico filme dirigido por Polanski el que siempre acapara la atención. En 2014 hubo una nueva adapatación de la obra de Levin en formato de miniserie, dividida en cuatro capítulos, que obtuvo criticas mixtas. 

Guy y Rosemary dando testimonios sobre el suicidio de Terri Gionoffrio.

Rosemary y Guy Woodhouse son una pareja de casados que buscan un lugar donde consolidar una familia. Ella es una ama de casa y él es un actor poco conocido, interpretando papeles de obras de teatro y distintos comerciales. Ambos deciden instalarse en la Casa Bramford, un edificio con una historia un tanto truculenta, según les cuenta Hutch, un amigo cercano a ambos. En el libro de Levin, podemos conocer a fondo esta mala fama que posee el edificio como, por ejemplo, quién era detalladamente Adrian Marcato y las hermanas Trench, cuestión abordada un tanto somera en el transcurso de la primera mitad del filme.

En el film, Casa Bramford, Manhattan, Nueva York.

Luego de instalarse, la pareja conoce a sus vecinos: los Castevets, una pareja de ancianos indiscretos que poco a poco irán entrometiéndose en sus vidas, conociendo posteriormente la noticia del embarazo de Rosemary e influyendo a Guy en determinados aspectos de su vida personal y profesional. Es a partir de tal punto que se desarrolla la trama principal de la película, la cual, de la misma forma que en el libro, podemos denominarla como no explícita o subterránea, en cierto sentido, donde personajes como los Castevets y Hutch juegan papeles centrales. Así, vamos dando cuenta que existe una conspiración sectaria que busca tomar el bebé que gesta Rosemary en su vientre, ¿Y cuál es el propósito de tal secta? La respuesta la iremos descubriendo en el segundo acto del film.

La secta realizaba constantes reuniones y tributos que los Woodhouse lograban escuchar a través de las paredes, sin que en cada ocasión le dieran mayor importancia.

Tal vez la mayor ventaja de la película sea su fidelidad a la obra de Levin, pero también, en este aspecto, es su mayor desventaja. Y aquí no se trata de decidir si el libro es mejor o peor que la adaptación, pues el filme se vale por sí mismo de forma excepcional. Decimos que la fidelidad puede ser una debilidad en tanto la secuencia que sigue la trama, específicamente en la transición de una escena a otra. Muchas veces, estas transiciones rompen la tensión en el cambio de los escenarios, sin que la fotografía, en general, se vea afectada. Tal vez la causa de ello sea el gran peso que supone el resumir una obra con detalles en demasía a un largometraje de poco más de dos horas.

Frame. Rosemary's baby. [The criterion Collection]

Lo cierto es que participamos a cada minuto de la degeneración de los personajes principales, de la enmascarada malicia de los Castevets, de lo inquietantemente desconocido de la trama; de aquella que desemboca en un climax enigmático y consecuente con la secuencia de la historia. Polanski supo  representar cada cuadro necesario para crear tensión y claridad. Específicamente, esto se logra en la escena del sueño, donde Rosemary es sometida y abusada por la secta que clama la llegada de un ente que reclama el mundo. Tal secuencia muestra cómo debe expresarse visualmente un sueño, con el traspaso de imágenes y una extraña solvencia donde se integran olas, escaleras, semblantes conocidos y rostros desconocidos.

 Una vez más, la pregunta clave.

Rosemary logra transmitirnos que se cierne sobre ella, lo cual sólo puede lograr una actriz en todas las capacidades, que sabe cómo transmitir emociones sin depender exclusivamente del inmejorable guión. Así, no es de extrañar que la película fuera sido reconocida por la calidad de toda su producción, donde Ruth Gordon, quien interpretaba a la intrometida y extraña Minnie Castevet, logró ganar un Óscar por mejor actriz de reparto; mientras que la película obtuvo una nominación por mejor guión adaptado. Una obra de gran relevancia para el cine de terror, la cual se lleva de parte nuestra un merecido cuatro, de una nota máxima de cinco puntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario