lunes, 9 de abril de 2018

El atractivo de la modernidad reflexiva

Queremos darle la bienvenida a este nuevo ciclo que abrimos en Escombros del pensamiento. El tema central es el de la modernidad reflexiva, tan problemática como polifacética, pero siempre necesaria para la reflexión. A lo largo de las entradas detallaremos aristas que, como si fuesen una cadena, se van enlazando, dando continuidad a las breves disertaciones presentadas, de tal manera que el hilo de análisis sea siempre visible y esté libre de ambigüedades. Teniendo esto en mente, hablaremos hoy de la constante atracción que existe sobre la concepción de la modernidad, sin sorprendernos de que esta primera entrada sólo funja como introducción a la posterior maraña de reflexiones. 

El pensamiento moderno fue resultado de la obsolescencia de los cristalizados órdenes occidentales medievales. Los modelos estructurales de la economía feudal; el dominio de la religión y el poder de los estamentos privilegiados fue decayendo conforme se expandían los mercados, se desencantaban los distintos ámbitos sociales y se consolidaban las políticas urbanas. Las emergentes formas de acceso al conocimiento repercutieron sobre las dinámicas microsociales de la vida humana, las cuales comenzaron a transformarse lentamente. Marshall Berman, en su Todo lo sólido se desvanece en el aire, ya escribía que los cambios jamás habían sido tan vertiginosos; el pensamiento moderno rompió con tradicionalismos e innovó las formas de sentir y contemplar el mundo. Sin embargo, más allá de los grandes fenómenos y acontecimientos que forjaron la idea del mundo moderno, entre los que destacamos la consolidación del Estado moderno; la transformación de la idea de Nación y el surgimiento de las modernas economías monetarias, la modernidad se volvió reflexiva sobre sí misma, autocerciorándose, como escribe Jürgen Habermas, buscando agrupar concepciones y visiones sobre el pasado y el futuro del ser humano, fundamentando discursos sobre el triunfo o el declive de la razón. 

Philip Jones, La Fantôme, 2012, enamel & household paint on canvas. 180x200 cm. Exhibited Galería Especio Mínimo, Madrid, 2013. Fuente: www.espaciominimo.es

El naciente modo de producción capitalista a gran escala hizo, por una parte, que emergiera el movimiento romanticista anticapitalista, de aquellos intelectuales que veían en la tradición y en el pasado lo armonioso de un mundo desaparecido, no automatizado y degradado por la técnica; pero, por otra parte, también constituyó, paradójicamente, una nueva ciencia de las sociedades, cubriendo bajo su manto a gran parte de los literatos alemanes de postrimerías del siglo XIX y a los futuros clásicos de la sociología. Y luego vino la masificación de la práctica científica y de sus técnicas, que se convirtieron en blancos de críticas pero también en ejes de los análisis filosóficos y sociológicos del mundo moderno. Así, los intelectuales se preguntaron sobre las consecuencias de ser concientes del periodo temporal en que se encontraban, formulándo y detallando los componentes centrales de una concepción de la modernidad; cuáles eran sus límites, cuáles sus fracasos y cuáles sus asuntos pendientes. De tal manera, la modernidad se convirtió en otro espectro de análisis, junto a los eternos problemas de la historia, el tiempo y el ser humano. 

 Philip Jones, The Sphinx, 2008, Oil on canvas, 200x230 (approximate), Exhibited Sundial FRED, London 2008. Copyright 2008 Philip Jones. Fuente: www.espaciominimo.es

Sin embargo, no fue hasta hace poco, comparado con el surgimiento de estos procesos históricos y de formación intelectual, que los académicos sistematizaron los conocimientos respecto al estudio de la idea de modernidad. Por ejemplo, el Discurso filosófico de la modernidad, escrito por Jürgen Habermas en 1985, piensa una serie de aspectos circunscritos a la reflexión moderna, construyendo un estudio histórico/sociológico con fundamentos filosóficos sobre la modernidad en donde Friedrich Hegel, Friedrich Nietzsche, Theodor Adorno, Michel Foucault y Niklas Luhmann, por mencionar algunos, son partícipes de un largo proceso pensado como una secuencia de la concepción moderna del mundo. (Respecto a los variados enfoques en el estudio de la modernidad y el individuo, pueden acceder a nuestra entrada bibliográfica sobre el tema).

 Philip Jones, Woman with polkadot scarf, 2007, Oil on canvas, 50x50 cm (approximate), Copyricht 2007 Philip Jones. Fuente: www.espaciominimo.es

Como quiera que el estudio de la modernidad reflexiva cubre muchos de estos ámbitos, nuestro ciclo buscará abordar aspectos que van desde la idea de nación hasta el problema de las subjetividades. Empero, lo primero que habría que detallar es la cuestión del trabajo del intelectual en la modernidad; la visión del mundo que lo concibe como profesional, lo problemático de la definición y lo cuestionable del trabajo en el campo de las ciencias sociales; nos preguntaremos por la idea de la filosofía como unificadora del pensar moderno y de su curso, pero también como fragmentadora de visiones, y que mejor manera de abordar una idea de filosofía que con uno de los filósofos forjadores del pensar sin ataduras, Inmannuel Kant, con su Crítica de la razón pura, en la cual la filosofía se convierte en una ciencia de estricta relación, consolidando el puente entre los conocimientos humanos y los fines esenciales de la razón.

Referencias bibliográficas

Berman, M. (2011). Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. México, Siglo XXI Editores. 
Habermas, J. (1993). Discurso filosófico de la modernidad. Madrid, Ed. Taurus.
Kant, Immanuel. (2015). Crítica de la razón pura. Madrid, Ed. Taurus.

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